Serie Grupos N°14 “¡mira, Un Negro!” Elementos Para Pensar El Racismo Y La Resistencia
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Las instituciones educativas colombianas están marcadas por las diferencias: de género, étnicas, raciales, de clase social, de estilos de aprendizaje, de condición física, etc. Las recientes políticas de la diversidad celebran estas diferencias y resaltan que aprendemos de y en la diversidad. De hecho, hoy las escuelas nos acercan a ese otro “desconocido” del sistema educativo que se nos presenta extraño, peligroso y hasta amenazador: ocupa nuestro espacio, se sienta a nuestro lado, nos mira y nos habla de manera diferente. Pero la cuestión no es un asunto de celebraciones, como pretenden las políticas públicas; las diferencias por sí solas no crean solidaridades; las exclusiones históricas, menos aún. El “blanco” es y ha sido educado para ver e interpretar el mundo desde los ojos del privilegio.
La institución educativa, desde su instauración por Santander y la entrega a la Iglesia, lo mismo que desde la instauración del Lancasterismo, ha fallado reiteradamente en proporcionar una educación equitativa, en la que quepan todos; no solo los ciudadanos hopublicaciones/mbres, blancos, cristianos, heterosexuales y de cierta clase social. La escuela arrastra una deuda histórica con las mujeres, los afrodescendientes y los indígenas, y con las personas con condiciones físicas y mentales diferentes: las personas sordas, las personas ciegas y una larga lista de excluidos.
Las nuevas políticas educativas centradas en la celebración de la diversidad, como un bien abstracto, fallan al promover cambios “ingenuos” y superficiales. Tras la máscara de la diversidad se ocultan enfoques aditivos, que suman y no integran, y que no examinan críticamente la escuela como una institución mediada políticamente en la que hay una implicación de factores sociales, históricos, culturales y económicos, que históricamente han generado un sistema profundamente desigual y opresor.
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